Pensé que estábamos comprando una canción.
Lo que recibimos fue la vida de mi abuela. En el momento en que dijeron su nombre, mi mamá me tomó de la mano y las dos empezamos a llorar. Cada palabra parecía escrita especialmente para nuestra familia. Cuando cantaron sobre sus oraciones y sobre cómo siempre había un lugar para todos en su mesa, sentimos que nuestra Abuela había vuelto a estar con nosotros por unos minutos. Ahora mis hijos conocen su historia de una manera que ninguna fotografía podría lograr. Este es el regalo más hermoso y significativo que le hemos dado a nuestra familia.
Sofía M.
